IN LOVING MEMORY OF

Erlando E.

Erlando E. Vasquez Profile Photo

Vasquez

November 22, 1963 – April 23, 2025

Obituary

En Memoria Amorosa de Erlando E. Vasquez 22 de Noviembre de 1963 – 23 de Abril de 2025 Con corazones llenos de dolor, pero elevados por el recuerdo de una vida vivida con plenitud y hermosura, anunciamos el fallecimiento de Erlando E. Vasquez, un querido esposo, padre, amigo y faro de luz en cada vida que tocó. Erlando partió de este mundo el 23 de abril de 2025 en Fort Worth, Texas, rodeado de amor, después de una vida entregada por completo a los demás. Erlando nació el 22 de noviembre de 1963 en la soleada aldea de Tecún Umán, Guatemala, hijo de su amada madre, María Vasquez. Criado en el corazón de Guatemala, su infancia estuvo llena de tradiciones, fe y perseverancia. Desde pequeño, era evidente que llevaba un fuego silencioso en el alma—un espíritu apasionado que algún día lo llevaría lejos de casa, pero nunca lejos de sus raíces. En 1996, impulsado por sueños que traspasaban fronteras, Erlando tomó la valiente decisión de emigrar a los Estados Unidos. Su camino no fue fácil. Estuvo lleno de dificultades, largas distancias y sacrificios profundos. Pero no vino solo—llegó en compañía de amigos de confianza y familiares extendidos, cargando la esperanza como una llama encendida en la oscuridad. No vino por descontento, sino por aspiración—en busca de una vida mejor y de las promesas que solo Estados Unidos podía ofrecer. Desde el momento en que pisó suelo americano, Erlando abrazó esta nueva tierra con el mismo corazón generoso que entregaba a todo. Amaba a Estados Unidos. Se maravillaba de la libertad que corría por sus calles, y nunca perdió el asombro ante la simple alegría de un estante lleno de comida o una comida caliente a cualquier hora del día. Llegó a amar la comida estadounidense, disfrutándola con la pasión de un verdadero conocedor. Encontraba consuelo en su café diario—siempre con tres cremas y tres azúcares—y compartía con entusiasmo ideas de platillos, recetas y sabores con todos los que conocía. Su primer trabajo en los Estados Unidos fue en Boston Market, y de ahí trabajó incansablemente en la industria de restaurantes, aprendiendo sus ritmos y secretos. Pero Erlando no era solo un trabajador—era un visionario. Soñaba más allá de las paredes de cada cocina en la que trabajaba. Con el tiempo, se dio cuenta de que podía forjar su propio futuro. Se convirtió en empresario, construyendo un exitoso negocio de jardinería, sostenido por el sudor de su frente y el orgullo de su alma. Gracias a su tenacidad y esfuerzo constante, Erlando se convirtió en un hombre hecho a sí mismo—un verdadero ejemplo del sueño americano. Pero ningún logro fue más importante para él que reunirse con la mujer que tenía su corazón: Gladis Rojas. Erlando y Gladis fueron inseparables en Guatemala, almas gemelas separadas temporalmente por fronteras y circunstancias. El año que pasaron separados después de su inmigración fue de anhelo y determinación. Erlando trabajó con enfoque total para traerla con él, y tan pronto como pudo, trajo su amor a suelo estadounidense. Desde ese momento, nunca más se separaron. Juntos, Erlando y Gladis construyeron no solo un hogar, sino un santuario. Su amor floreció en una hermosa familia con dos hijas adoradas: Stephanie y Tania, quienes le brindaron más alegría de la que las palabras pueden expresar. Fue un padre devoto en todo el sentido de la palabra. No importaba cuán largo fuera su día o cuán cansado estuviera, Erlando siempre encontraba tiempo para sus hijas. Jugaba con ellas, reía con ellas, y cuando salían de la escuela, él siempre estaba allí—con una Coca-Cola en la mano, una sonrisa en el rostro, y el corazón abierto. Crió a sus hijas con el legado cultural de su Guatemala natal y con la fortaleza espiritual de su fe católica. Hombre de profunda creencia, Erlando honró las tradiciones de la Iglesia y caminó cada día con Dios en su corazón. Su amor por su familia era feroz, protector y tierno—no había nada que no hiciera por ellas. Sus hijas lo recuerdan como el mejor padre que alguien podría desear, y sus compañeros de clase lo confirmaban—todos amaban a Erlando. Su presencia en los eventos escolares siempre generaba admiración y cariño de otros niños, un reflejo de su espíritu cálido y acogedor. Era el tipo de persona que se daba cuenta cuando alguien necesitaba ayuda—y nunca dudaba en brindarla. Si veía que necesitabas algo, lo ofrecía, incluso si eso significaba renunciar a su propia comodidad. Si tu jardín estaba crecido y no podías cortarlo, Erlando llegaba con su podadora y lo hacía gratis, sin esperar ni un "gracias." Así era él: un héroe silencioso, movido por la bondad y alimentado por la compasión. Erlando tenía un amor inmenso por los placeres simples de la vida. Disfrutaba del humor, y su risa iluminaba cada lugar que pisaba. Tenía un cariño especial por las películas—desde la comedia exagerada de Austin Powers hasta el encanto eterno de Vaselina. Adoraba a John Travolta, ya fuera bailando en chaqueta de cuero o persiguiendo villanos. También le encantaban los westerns de vaqueros y las películas de terror. Sus gustos eran tan variados y vibrantes como su alma. También tenía un amor profundo por los animales—las criaturas grandes y pequeñas encontraban un amigo gentil en él. Su hogar siempre fue un refugio de bondad y cuidado. Su naturaleza afectuosa era magnética. Tenía ese don raro de conexión—si lo conocías una vez, lo recordabas para siempre. Las conversaciones con Erlando a menudo se transformaban en discusiones sobre comida, ideas para restaurantes o la mejor forma de preparar un platillo. Era un amante de la gastronomía, apasionado y curioso por cada bocado que probaba o compartía. Por encima de todo, Erlando era bondadoso. Era tierno. Era bueno. Tenía una pureza de corazón rara, que hacía que las personas se sintieran vistas, valoradas y amadas. Daba sin esperar, trabajaba sin quejarse, y amaba sin medida. Su risa vivirá en los recuerdos de quienes lo conocieron. Sus manos, endurecidas por el trabajo, serán recordadas por el amor que construyeron. Y su corazón, siempre abierto y generoso, será extrañado más allá de lo que las palabras puedan expresar. Erlando deja atrás a su amada esposa y compañera de vida, Gladis Rojas, con quien compartió décadas de risas, devoción y amor inquebrantable. Le sobreviven sus dos preciadas hijas: Stephanie Garrett y su esposo Eli, y Tania Vazquez, quienes llevarán su amor y legado con gracia. También le sobrevive una amplia red de familiares y amigos que fueron tocados por su vida extraordinaria. Fue precedido en muerte por su amada madre, María Vasquez, a quien honró cada día de su vida. Al despedirnos de Erlando, no lo hacemos con desesperación, sino con gratitud—por el regalo de su presencia, por las lecciones que enseñó sin necesidad de palabras, y por el amor que dio con tanta libertad. Fue un soñador, un constructor, un amante de la vida. Un hombre que nació en una aldea humilde y terminó siendo una leyenda en la vida de quienes lo conocieron. Su historia no es solo de inmigración o de trabajo duro—es una historia de amor perdurable, de risa contagiosa y de esperanza sin fin. Descansa en paz, Erlando. Fuiste todo lo bueno. Y te extrañaremos, siempre.

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May
3

Roberts-Martinez Funeral Home

4200 Denton Highway, Haltom City, TX 76117

4:00 - 8:00 pm

Erlando E. Vasquez's Guestbook

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